Gracias Mamá: Por Tu Amor Y Por Enseñarme Como Ser Yo

marisa

Hola mami:

Te escribo esta carta para decirte algunas cosas que tal vez nunca te he dicho.

En especial por el hecho de que soy tu única hija, es importante que sepas lo agradecida y orgullosa que estoy de ser tu amiga.

Quiero empezar por agradecerte el simple hecho de darme la vida, por haber decidido que, sin importar que tú sola me ibas a criar, decidieras lanzarte a la aventura de ser mamá soltera. Porque a pesar de las dificultades siempre buscastes darme la mejor educación, aunque eso implicara algunos sacrificios para ti.

Gracias por escucharme y por guiarme a lo largo de todos estos años, por darme el mejor ejemplo de perseverancia. Por mostrarme que si te propones algo, por mas difícil y complicada se vea la situación, puedes lograr lo que quieres.

Yo sé que nos peleamos de vez en cuando, pero hablando siempre llegamos a una solución. Porque a pesar de que somos de dos generaciones tan diferentes y a veces con pensamientos muy contrarios, logramos pasárnosla de maravilla juntas.

Gracias mamá por siempre ser mi roca, a quien puedo acudir cuando me siento sola. Contigo voy cuando el mundo se me viene encima. También te agradezco por confiar en mí cuanto tú te has sentido así.

Porque sin ti no hubiera sido capaz de conocer esos rinconcitos del mundo que muchos no tienen la posibilidad de tener cerca, y que tu me has concedido con tu trabajo y ahorrando mucho.

unnamed-15

Gracias también por dejarme viajar por mi cuenta, porque me dejaste alzar el vuelo sabiendo que siempre regresaría junto a ti.

Desde pequeña me inculcaste muchos valores que no solo me enseñaste, sino que me demostraste con acciones. Ser puntual, responsable, el saber escuchar, tener empatía con los demás, ser una persona cálida y agradable. Pero en especial el que me ha ayudado a ser fuerte y encontrar paz interior, la fe.

Este año fue muy difícil y pesado para mí, no te voy a mentir. Entre a la Universidad y los proyectos se me hicieron muy complicados. Muchas veces terminabas recogiéndome a las doce de la noche, cansada y a pesar de tu accidente de la rodilla.

Cuando volví de la escuela te encontré tirada en el jardín, con la rodilla del tamaño de una toronja. Aún le cuento a todos cómo ese día yo venía muy cansada de no haber dormido en la noche, por la tarea. Como siempre, fuiste un poco terca y dijiste que se te iba a quitar en un rato. Pero llegando al hospital me dijeron que la tenías fracturada. Lo sé, mamá, la recuperación fue un proceso lento.

Siempre me decías que por tus tonterías tenía que cuidarte yo. Mamá, nunca ha sido una tontería o una carga cuidarte, nunca.

No me han pesado estos siete años, desde que el doctor descubrió lo que te hacía sentir mal. Estos años que han estado llenos de medicamentos, consultas, estudios (que yo sé que te daban miedo), siempre he querido cuidarte. Te he tomado de la mano y te he hecho reír, esperando que ese miedo y ese dolor que has sentido, desaparecieran por un instante.

Fibrosis idiopática, un termino que nunca voy a olvidar, una enfermedad tan extraña y poco conocida, que ahora entiendo porque te hacía sentir tan temerosa de lo que venía. Esa fiesta en septiembre para mis abuelitos por sus sesenta años de casados se sintió mas como una despedida, mami. Fue tu oportunidad de volver a ver a tus amigos de prepa y estuvimos con toda la familia, juntos, alegres.

Yo sabía que tus pulmones estaban débiles y que estabas enferma, veía como progresaba la enfermedad y tú cada vez te veías mas cansada. Pero nunca me imaginé que una semana después de esa fiesta, la visita al doctor desencadenaría todo lo que sucedió.

Te internaron.

Terapia intermedia fue lo que me indicó el médico, diciéndome que era neumonía lo que te tenía tan mal. Pensé que al igual que cuando te fracturaste la rodilla sería una visita corta en el hospital. De la casa me iba a la escuela y de la escuela me iba a acompañarte para que no te sintieras solita, porque solo yo podía visitarte.

Como siempre y como eres, te hiciste amiga de las y los enfermeros. Llegaba para encontrarte riendo y chismeando con ellos, me gustaba platicarte lo que había hecho en la escuela, contarte de cómo estaban mis abuelitos en la casa y cómo se portaba Luna, nuestra cachorrita.

Veía como pasaban los días y cómo los doctores no decidían cambiarte a un cuarto normal. Tú decías que te sentías mejor pero los doctores no encontraban la razón de lo que estaba pasando.

Recuerdo perfecto el día que llegó el neumólogo y te explicó que en la tomografía habían descubierto una manchita y tenían que abrirte tus pulmones para asegurarse de qué era. Cuando el doctor dijo “cáncer”, yo sentí mucho miedo. Sentí cómo apretabas mi mano, pero yo quise ser fuerte por ti, y te dije que no apresuráramos los hechos, que esperáramos al estudio para después preocuparnos.

El día del estudio, antes de que te llevaran al quirófano, te besé y te dije que todo iba a salir bien. Vi como te ibas y no quería irme del hospital hasta que regresaras del quirófano. Mi madrina me dijo que fuéramos a comer y que terminando regresaríamos cuanto antes; fui a comer, pero la comida no me sabía a nada, porque tenía la angustia de que salieras bien.

Cuando regresamos y me avisaron que ya ibas a tu cuarto me relajé; mi padrino, al ser el doctor, pudo entrar a acompañarte. Pero al verlo salir llorando me asusté mucho. Me abrazó y me dijo que sí, era cáncer, cáncer en el pulmón. Sentí cómo se me iba cerrando la garganta y recordé a las personas que conocía con cáncer y como se deterioraban. Y además con la fibrosis que tú ya tenias tuve más miedo.

Me pregunté qué seguía de aquí, necesitaría trabajar para conseguir dinero para las quimioterapias, tendríamos que vender la camioneta para pagar una parte. Mil cosas giraban en mi cabeza pero yo no decía nada y no quería decirle a nadie. Entré para acompañarte y al despedirme me dijiste que me fuera con cuidado.

Las últimas palabras que me dijiste por el teléfono fueron para agradecerme todo el tiempo que te cuidé y lo que hice por ti.

unnamed-14

Pero soy yo quien te tiene que agradecer, porque no se compara para nada estos casi siete años que luchaste con esta enfermedad, a los diecinueve años que me cuidaste, protegiste y me nutriste de amor.

Al día siguiente te encontré llena de tubos, dormida. Me dolió mucho, mami. No quería separarme de ti, quería que abrieras los ojos y me dijeras que todo iba a salir bien. Cómo iba a imaginarme que de llevarte a urgencias por recomendación del doctor, te iba a ver así en menos de dos semanas.

Ahora que estoy leyendo un libro sobre un señor judío que tiene cáncer de pulmón, me he dado cuenta de lo rápido que se va la vida, y como todos pensamos que vamos a vivir por muchos años, al igual que la gente que nos rodea.

Pero cuando llega este momento en donde se va alguien que amas, entiendes la fragilidad de las cosas.

Mami, tal vez ya no estés aquí conmigo físicamente, pero sé que me acompañas siempre a cada paso, en el aire, en toda la gente que te quiso y que te sigue queriendo y extrañando. Por ese carisma tan único que tenías, siempre le robabas a la gente una sonrisa.

Agradezco todo lo que hiciste por mí y todo lo que seguramente seguirás haciendo desde el cielo. Gracias por todo tu amor, por tu apoyo y tus enseñanzas. “No hay mejor manera de conocer el mundo, que acompañada de quien te dio la vida”, esa es mi frase y la aplicamos bastante bien. Ahora tú viajas ligera de equipaje.

Gracias por compartir conmigo tantas aventuras, por escucharme, por guiarme sin nunca forzarme a seguir un camino. Por permitirme que yo encontrara uno propio, gracias por ser la mejor mamá del mundo. Gracias a esas oportunidades que me has dado hoy soy la mujer en la que me estoy convirtiendo. Por tus enseñanzas, tu cariño, disciplina y amor incondicional. Estoy segura de que estoy lista para encarar al mundo, fuerte y segura de mí misma, así como tú siempre lo has sido, como tú me mostraste. Comienzo mi viaje.

Te amo mami, donde quiera que estés

Marisa

Too Damn Young
Too Damn Young